El Instituto de Desarrollo Regional llevó adelante el miércoles 23 de septiembre el webinar “Efecto del Niño, su impacto regional y local”, una nueva actividad del ciclo Desafíos Metropolitanos, orientada a analizar las problemáticas de gobernanza, planificación y desarrollo territorial del Área Metropolitana de Rosario.
El encuentro contó con la participación de Juan Carlos Bertoni, especialista en recursos hídricos y expresidente del Instituto Nacional del Agua, y de Nicolás Mijich, secretario de Recursos Hídricos de la provincia de Santa Fe. La presentación y moderación estuvo a cargo de Juan Carlos Venesia, director del Instituto de Desarrollo Regional.
A lo largo de más de una hora de intercambio, el fenómeno de El Niño funcionó como punto de partida para una discusión más amplia: cómo preparar los territorios frente a una realidad climática caracterizada por la alternancia entre períodos de excesos y déficits hídricos, el crecimiento de las áreas urbanizadas y la necesidad de abandonar respuestas centradas exclusivamente en la emergencia.
El Niño dentro de un sistema climático más complejo
En su intervención inicial, Bertoni propuso ampliar el enfoque. Antes que preguntarse únicamente qué ocurrirá con El Niño, sostuvo que resulta necesario comprender qué está ocurriendo con el clima en su conjunto.
El especialista explicó que El Niño constituye un fenómeno oceánico-atmosférico asociado al calentamiento de las aguas del Pacífico ecuatorial y que, para la región núcleo argentina y la Cuenca del Plata, suele estar relacionado con condiciones de mayor humedad y precipitaciones. Sin embargo, advirtió que sus consecuencias no son automáticas ni pueden analizarse de manera aislada.
En la evolución climática intervienen simultáneamente otros fenómenos y variables atmosféricas, entre ellos el dipolo del océano Índico, la oscilación antártica y diferentes configuraciones sinópticas. Por ello, la presencia de un evento Niño no determina por sí sola la magnitud de las lluvias, las crecidas o sus impactos sobre cada cuenca.
La advertencia apuntó especialmente a evitar interpretaciones lineales. Bertoni diferenció, además, las precipitaciones de origen frontal de las tormentas convectivas, generalmente breves, localizadas y de gran intensidad, que pueden provocar severos inconvenientes en las ciudades. Según explicó, no existe una relación directa que permita atribuir automáticamente una mayor frecuencia de este tipo de tormentas a El Niño.
De esta manera, el análisis desplazó el interrogante desde cuánto va a llover hacia una cuestión más amplia: en qué condiciones se encuentra el territorio que recibe esa precipitación y cuál es su capacidad para administrarla.
De responder a la emergencia a gestionar el riesgo
Desde la perspectiva provincial, Nicolás Mijich presentó los principales lineamientos de la gestión hídrica de Santa Fe y planteó la necesidad de avanzar hacia un modelo basado en el concepto de seguridad hídrica.
La provincia cuenta con 27 cuencas hidrográficas y, dentro del Área Metropolitana de Rosario, tienen especial relevancia las correspondientes a los arroyos San Lorenzo, Ludueña, Saladillo, Frías y Seco.
Mijich explicó que la estrategia provincial combina medidas estructurales y no estructurales. Entre las primeras mencionó la recuperación de infraestructura existente, el reacondicionamiento de canales y defensas, la modernización del equipamiento y un progresivo reordenamiento de obras que, en algunos casos, fueron proyectadas bajo criterios hoy superados.
El objetivo, señaló, es incorporar de manera creciente infraestructura verde y soluciones basadas en la naturaleza, capaces de responder tanto a situaciones de exceso como de escasez.
En paralelo, destacó la elaboración de un Plan Hídrico Provincial, el fortalecimiento de los comités de cuenca, la coordinación entre los diferentes niveles del Estado, la actualización normativa, la mejora de los sistemas de alerta temprana y una mayor articulación entre gestión hídrica y ordenamiento territorial.
La perspectiva supone un cambio de paradigma: dejar atrás un esquema históricamente concentrado en reaccionar frente a la emergencia para avanzar hacia una gestión proactiva sustentada en datos, monitoreo permanente, prevención y planificación.
En esa dirección, Mijich detalló la puesta en funcionamiento de una red de 108 estaciones de monitoreo, con una proyección de llegar a 200, destinada a medir lluvias, niveles freáticos, caudales y alturas de los cursos de agua. La herramienta apunta tanto a mejorar la toma de decisiones como a fortalecer los mecanismos de alerta frente a eventos extremos.
La cuenca como unidad de planificación
Uno de los conceptos que atravesó el webinar fue la necesidad de considerar a la cuenca hídrica como unidad fundamental de planificación.
Bertoni explicó que durante décadas predominó una concepción basada en conducir y evacuar el agua con la mayor rapidez posible. El problema de ese enfoque es que, cuando no existe planificación integral, las obras pueden simplemente trasladar el inconveniente hacia sectores ubicados aguas abajo.
El paradigma contemporáneo, señaló, apunta en cambio a controlar el escurrimiento desde su origen y a comprender conjuntamente el drenaje pluvial, el saneamiento, el abastecimiento de agua, los residuos sólidos, el ordenamiento urbano y los cambios en los usos del suelo.
Esta mirada adquiere particular importancia en las áreas metropolitanas, donde el avance de la urbanización y el incremento de superficies impermeables modifican profundamente el comportamiento hidrológico de las cuencas.
El intercambio puso así en discusión no solamente la infraestructura necesaria, sino también cómo y dónde crecen las ciudades, qué zonas se urbanizan, qué capacidad tiene cada territorio para absorber esas transformaciones y de qué manera intervienen los municipios, la Provincia, los desarrolladores, los productores y las organizaciones que gestionan las cuencas.
Planificar ciudades sensibles al agua
Durante la actividad, los comentarios de los participantes también incorporaron el concepto de planificación sensible al agua, entendido como una forma de organización territorial en la que el ambiente deja de ser considerado únicamente como el soporte físico del desarrollo para transformarse en uno de sus principales elementos ordenadores.
La discusión permitió vincular esta perspectiva con los desafíos concretos del Área Metropolitana de Rosario, particularmente en las cuencas de los arroyos Ludueña y Saladillo.
Mijich repasó distintas intervenciones y proyectos actualmente vinculados a esas cuencas, al tiempo que señaló que las inversiones necesarias requieren una planificación que exceda los períodos de una administración de gobierno y permita sostener políticas hídricas a largo plazo.
La cuestión del financiamiento también formó parte del debate: ejecutar obras, mantener la infraestructura existente y desarrollar nuevos sistemas de regulación exige articular recursos públicos, mecanismos de planificación y responsabilidades entre los distintos actores que intervienen sobre el territorio.
Gestionar tanto el exceso como la escasez
Otro de los ejes centrales fue la necesidad de superar una mirada que identifica la gestión hídrica exclusivamente con las inundaciones.
Santa Fe y buena parte de la región central argentina presentan históricamente una alternancia entre períodos húmedos y secos. Esa característica obliga a pensar simultáneamente en estrategias para administrar los excesos y para conservar y aprovechar el recurso durante períodos de escasez.
En ese sentido, el webinar incorporó al debate cuestiones como la capacidad de almacenamiento, la recarga de acuíferos, el desarrollo del riego y la posibilidad de diseñar infraestructuras que permitan retener parte de los excedentes para utilizarlos posteriormente.
Bertoni sintetizó esta concepción mediante una comparación: la cuenca debe entenderse como un sistema, de manera semejante al cuerpo humano. Sus componentes están relacionados y no pueden ser abordados aisladamente. De allí la importancia del monitoreo: no es posible planificar aquello que no se conoce.
Convivir con el riesgo, pero con mayor capacidad de respuesta
Hacia el cierre, los participantes coincidieron en evitar dos extremos: tanto el alarmismo frente a la llegada de El Niño como la idea de que las obras de infraestructura pueden eliminar definitivamente el riesgo.
Bertoni recordó que ninguna gestión hídrica puede garantizar que una determinada inundación o sequía nunca vuelva a producirse. Los eventos extremos forman parte de la dinámica natural y, además, determinadas precipitaciones pueden superar las capacidades para las cuales fue diseñada una infraestructura.
El desafío consiste, entonces, en construir territorios con mayores niveles de resiliencia, conocimiento, prevención y capacidad de adaptación.
Esto requiere integrar gobiernos provinciales y locales, sectores productivos, desarrolladores inmobiliarios, universidades, profesionales, comités de cuenca y sociedad civil dentro de procesos permanentes de gobernanza.
La reflexión final recuperó uno de los conceptos que mejor condensó el encuentro: promover el desarrollo, pero hacerlo con planificación y sensibilidad frente al agua. Reconocer que la región atravesará nuevamente períodos de abundancia y de escasez y preparar las ciudades, los espacios productivos y las infraestructuras para convivir con esa variabilidad.
“Vamos a volver a tener inundaciones y vamos a volver a tener sequías”, advirtió Bertoni durante el cierre. La respuesta, planteó, debe surgir de una gestión integrada y participativa que comprenda a las áreas urbanas, rurales y periurbanas como partes de un mismo sistema.
La jornada concluyó así con una definición que trasciende la coyuntura de El Niño: la política hídrica no puede construirse únicamente cuando aparece la emergencia. Requiere información, continuidad institucional, ordenamiento territorial y una mirada de largo plazo capaz de incorporar al agua como uno de los elementos centrales de la planificación metropolitana y regional.